El tratamiento de los pacientes obesos: la importancia de mejorar la interacción del personal sanitario y los pacientes


Introducción 

Dos tercios de los estadounidenses en la actualidad son preobesos u obesos, de manera que el personal sanitario a menudo interacciona con pacientes que están tratando de bajar de peso. De hecho, la obesidad es un problema clínico importante que no se puede ignorar y la asistencia sanitaria de gran calidad es decisiva para tratar de mejorar la salud en este grupo de pacientes. 
Es sorprendente que en vez del apoyo y el estímulo, los obesos a menudo son tratados con insensibilidad y crítica, según se pone de manifiesto en las siguientes experiencias relatadas por personas obesas: 
“Me sentí muy frustrado cuando un médico descartó lo que le decía porque ya estaba convencido de que la obesidad era la raíz de todos mis problemas”. 
“El médico de familia tiene el hábito de restar importancia a mis preocupaciones sobre la salud. La última vez que acudí a él con un problema, me dijo: “lo único que necesita es aprender a alejarse del comedor”. 
“Le pedí a un ginecólogo ayuda porque me había disminuido la libido. Su respuesta fue `Adelgace para que su esposo se interese, eso resolverá su problema’. Después de eso cambié de médico y le he dicho a todos que se mantengan alejados de él”. 
“Le dije a mi médico que necesitaba ayuda para bajar de peso y me acusó de ser un `comedor de clóset’ y que no me iba a hacer nada hasta que aprendiera a comer mejor. Cuando protesté, simplemente se rió. Esto tuvo una enorme repercusión en mí y cambié de médico al siguiente día”. 
Las enfermeras de la sala de espera de los médicos dijeron en voz alta que si las personas presentes en la sala de espera tuviesen alguna fuerza de voluntad no estarían ahí. Me molesté mucho pero en ese entonces me sentía muy tímida para responder a ello”. 
“Mi médico me dijo `Te estás engañando o habrías bajado de peso´”. 

El problema del prejuicio sobre el peso 
Lamentablemente, experiencias como estas son frecuentes en los pacientes obesos[1,2]. La investigación demuestra que los obesos a menudo se sienten estigmatizados en ámbitos de la asistencia sanitaria. Los preobesos u obesos tienen más posibilidades de evitar la asistencia preventiva sistemática y cuando buscan servicios médicos, pueden recibir una asistencia deteriorada. 
Cuando los pacientes obesos se sienten estigmatizados, son susceptibles a depresión, baja autoestima, ansiedad y suicidio. Tienen menos posibilidades de sentirse motivados para adoptar cambios en el estilo de vida y puede incurrir en patrones de alimentación no saludables y evitar las actividades físicas, lo cual puede exacerbar el aumento de peso[3]. 
En términos simples,  la estigmatización con respecto al peso pone en peligro la salud emocional y física de los pacientes. 
El personal sanitario puede de manera no intencional comunicar formas patentes o sutiles de prejuicio que pueden afectar negativamente al tratamiento de los pacientes y su utilización futura de los servicios de asistencia sanitaria. 
El problema del estigma en relación al peso es importante y frecuente y el personal debiera tener presente este aspecto en su ejercicio clínico. 

Abolición del prejuicio sobre el peso 
El personal sanitario puede utilizar diversas estrategias para aumentar la sensibilidad y reducir el prejuicio sobre el peso en sus interacciones con los pacientes. 

Reconocer las actitudes sobre la obesidad.  En primer lugar, es decisivo identificar actitudes y suposiciones personales sobre el peso corporal que de manera no intencional podrían llevar a un prejuicio o estigma. Hay que plantearse las siguientes preguntas con respecto a la propia concienciación de los posibles prejuicios personales. 
  • ¿Hago conjeturas sobre el carácter, la inteligencia, el estado de salud  o las conductas relacionadas con el estilo de vida de una persona basándome sólo en su peso corporal? 
  • ¿Me siento cómodo atendiendo a pacientes de todas las tallas? 
  • ¿Qué clase de retroalimentación proporciono a los pacientes obesos? 
  • ¿Soy sensible a las necesidades y preocupaciones de los pacientes obesos? 
  • ¿Cuáles son los estereotipos frecuentes sobre las personas obesas? ¿Considero que éstos son ciertos o falsos? ¿Cuáles son los motivos de mis creencias? 
Después de reflexionar en estas preguntas, hay que buscar ejemplos de individuos preobesos (p. ej., pacientes, familiares, amigos, colegas de trabajo o incluso famosos o deportistas) que cuestionan los estereotipos basados en el peso. Hay que atreverse a cuestionar las propias suposiciones personales sobre el peso corporal. 

Adoptar un lenguaje con tacto.  La comunicación eficiente es la clave para brindar una asistencia sanitaria de calidad. Esto puede ser muy importante en los obesos que pueden haber experimentado interacciones negativas con otro personal sanitario. Es importante abordar con tacto las conversaciones sobre el peso corporal y la obesidad. 
Puede ser difícil comentar los problemas de salud relacionados con un exceso de peso y a la vez mantenerse sensible a la terminología y el lenguaje que pueda herir a los pacientes. Para facilitar las interacciones positivas con los pacientes, el personal debe reconocer y utilizar un lenguaje relacionado con el peso con el cual el paciente se sienta cómodo. 
Por ejemplo, en algunas investigaciones se han analizado términos específicos que prefieren (o rechazan) los pacientes obesos para describir su peso corporal. Los pacientes prefieren palabras como “peso”, “exceso de peso” o “índice de masa corporal” a “talla grande”, “problema de peso” o “peso corporal no saludable”[4].  
Es probable que las preferencias personales de los pacientes varíen, de manera que puede ser útil preguntarles sobre los términos que prefieran antes de discutir aspectos relacionados con el peso corporal. 

Uso de estrategias de comunicación eficaces.  Algunas estrategias de comunicación pueden fomentar la motivación de un paciente para realizar conductas relacionadas con un estilo de vida saludable sin ser críticas o prejuiciosas. Un enfoque muy eficaz es la entrevista motivacional, que tiene como propósito mejorar la autoeficacia y el control personal para modificar la conducta. 
En este enfoque se utiliza un estilo interactivo y comprensivo para escuchar y aumentar la motivación y la confianza al resaltar específicamente la discrepancia entre las metas personales y las conductas actuales relacionadas con la salud[5]
Los tipos de preguntas que suelen utilizarse en este enfoque son preguntas abiertas, no críticas, por ejemplo: 
  • ¿Cuán preparado se siente para modificar sus patrones de alimentación o la conducta relacionada con su estilo de vida? 
  • ¿De qué manera su peso actual está afectando ahora mismo su vida? 
  • ¿Qué clase de cosas ha hecho anteriormente para modificar sus hábitos de alimentación? 
  • ¿Qué estrategias le han funcionado antes? 
  • En una escala de 1 a 10, ¿cuán preparado está para hacer cambios en sus patrones de alimentación? 
Estos tipos de preguntas aumentan la comprensión por parte del personal sanitario de las creencias, preocupaciones y expectativas de los pacientes; ayuda a los pacientes a sentirse comprendidos y facilita la participación de los pacientes en decisiones que afectan su salud. 

Proporcionar asistencia sin prejuicio.  Por último, para mejora la calidad de la asistencia a los pacientes obesos es necesario poner en práctica estrategias que favorezcan el tratamiento sin prejuicios. Esto significa reconocer que la obesidad es producto de muchos factores —una interacción compleja de factores genéticos, biológicos, sociales, ambientales y psicológicos que contribuyen—. 
El tomar en cuenta las causas complejas de la obesidad ayuda al personal sanitario a evitar culpar a los pacientes por su obesidad. Asimismo, es importante que el personal sanitario evalúe todas las causas de los problemas que presenta el paciente en vez de suponer que el peso corporal es el único objetivo de la intervención. 
Al establecer los objetivos de tratamiento también es útil hacer hincapié en las modificaciones de la conducta del paciente más que enfocarse sólo en el número en la escala. 
El establecer metas específicas, realistas y medibles con respecto a los hábitos de alimentación y los grados de actividad física incrementa la posibilidad de que los pacientes logren realizar cambios saludables y comunica la importancia de la salud más que del adelgazamiento. 
Por último, puede ser útil que tanto el personal sanitario como los pacientes analicen los beneficios de pequeñas reducciones de peso, lo cual puede dar por resultado mejoras considerables en la salud. Muy pocas personas obesas alcanzan su peso “ideal”, pero muchas pueden obtener beneficios importantes para la salud incluso con una reducción del 5 o el 10% de su peso. 

Conclusión 
Los ámbitos para la asistencia a la salud debieran ser entornos seguros en los que los pacientes obesos se sientan cómodos en buscar apoyo no sólo para el control del peso sino también en una amplia gama de aspectos relacionados con el bienestar. 
Lamentablemente, muchos pacientes experimentan en cambio vergüenza, estigma y prejuicio. Como personal que atiende a los pacientes es nuestro deber asegurarnos de que todos sean tratados con dignidad y respeto y que su calidad asistencial no se vea deteriorada por actitudes prejuiciosas. 
Al incrementar la concienciación de las actitudes personales basadas en el peso y brindar una asistencia con tacto y compasiva, el personal sanitario puede ayudar a crear experiencias asistenciales que infundan esperanza, y no vergüenza, en este grupo de pacientes vulnerables.


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