Drama en la Sierra de los Cuchumatanes, por desnutrición

Clementino Martín Aguilar tiene 3 años de edad y la talla de un niño de uno, a consecuencia de la desnutrición crónica. Vive con sus padres en una casa de adobe, en la aldea Cuate, de San Juan Atitán, Huehuetenango, municipio enclavado en la Sierra de los Cuchumatanes, que tiene el índice de desnutrición crónica infantil más elevado del mundo y, por lo tanto, de Guatemala: el 91.4 por ciento de niños tiene retraso de peso y talla



Aquí los pequeños son verdaderamente pequeños y en sus rostros la sonrisa se ha ausentado. El rendimiento escolar es pobre y sus perspectivas de futuro, dudosas.
Su única esperanza es que su localidad será el punto de inicio para el programa Hambre cero, que implementará el gobierno para combatir ese flagelo, que afecta a uno de cada dos niños menores de 5 años en el país.
Clementino Aguilar es el menor de cinco hermanos. Al entrar a su casa, se sorprende pero apenas puede moverse porque tiene limitada motricidad. Se acurruca en el regazo de su madre, María Aguilar Pérez, 35. Cerca de ellos un perro, prácticamente en los huesos, es mudo testigo del drama que viven a diario.
La familia Aguilar —de siete integrantes— vive con menos de Q30 diarios, dinero que emplean para intentar cubrir su alimentación. La madre cuenta que esa mañana, habían desayunado hierbas con tortillas: lo único que comen cuando hay.
La vivienda tiene energía eléctrica, pero ningún electrodoméstico a excepción de un viejo radio. También hay servicio de agua entubada, pero esta no es apta para el consumo, por lo que temen enfermarse si la toman.
A 50 metros, en una precaria construcción de adobe, sobrevive Maribel Godínez Aguilar, 4, cuya talla es de una niña de 2. La pequeña jugaba en el suelo con una muñeca. Su cabello y piel no conocen un buen baño desde hace tiempo. Al ver a los visitantes se levanta asustada y se resguarda tras su madre, María Aguilar Félix, 44, quien se afana en elaborar un tejido en el que plasma los colores que identifican el traje de San Juan Atitán. Se trata de una maravilla multicolor que contrasta con el panorama monótono que le rodea. María espera poder terminarlo pronto y venderlo en el pueblo, aunque sea por poco dinero que servirá para comprar maíz.
Los esposos de las dos mujeres no se encontraban en casa porque han viajado a fincas de San Pedro Necta y La Democracia a cortar café.
Punto de inicio
San Juan Atitán se encuentra a 2,440 metros sobre el nivel del mar, a dos horas de la cabecera de Huehuetenango. Si bien sólo son 35 kilómetros de carretera, ésta se encuentra completamente destruida.
Una falla geológica atraviesa el pueblo y ello se evidencia en las paredes de la escuela, que alberga a mil niños, las cuales se han inclinado hacia un lado. No tiene ventanas.
La población —unos 22 mil habitantes— se dedica a la siembre de maíz y hortalizas, y habla el idioma mam. Para obtener mejores ingresos, los hombres migran a municipios cercanos o a territorio mexicano a cortar café, entre otras faenas. El promedio de hijos por familia es de 7, aunque algunas tienen hasta 10.
Difícil escolaridad
El director de la escuela de la aldea Cuate, Édgar Benjamín Lainez, señala que en ese establecimiento hay niños con desnutrición crónica
“Eso se refleja en el rendimiento de los pequeños en el estudio. Hay niños que tienen problemas mentales, ya que desde el vientre de la madre no tuvieron una buena alimentación. Yo les digo a los maestros: ‘tal vez no nacieron para aprender las letras, pero hay que enseñarles a vivir’”, expresa.
El docente dice que muchos infantes esperan la refacción escolar debido a que hay pequeños que salen a las 6 horas de sus casas y llegan a la escuela a las 7.30 con mucha hambre, pues en su casa no hay nada de comer.
En todo caso, no llegan todos los niños de la comunidad, puesto que muchos deben acompañar a sus padres en el corte del café.
“Se ha tratado de hacerles conciencia de lo importante que es la planificación familiar, pero ellos dicen que no, porque Dios ya estableció dicha forma de vivir”, afirma Lainez.
Las autoridades
Lorenzo García Martín, quien recién tomó posesión como alcalde de San Juan Atitán, señala que el mal estado de la carretera causa que se eleven los costos de los productos que llegan a ese municipio, ya que los vehículos gastan más combustible para trasladarlos.
“La carretera es básica para que puedan entrar y salir los productos que se consumen y se producen; el mal estado en que se encuentra fue la causa de que no entrara el fertilizante el año pasado”, asegura el funcionario.
También han afectado los fenómenos naturales, ya que la mayoría son agricultores y el año pasado a causa del invierno y las heladas se destruyeron las cosechas de maíz y frijol.
En el pueblo existe un puesto de Salud pero se encuentra cerrado. A decir del alcalde, no hay médico ni medicinas, ni recursos para proveer ambos. Mientras tanto, si alguien se enferma, tiene que viajar hasta la cabecera departamental o tratarse con remedios caseros. Si se trata de una infección o algo más grave, se trata casi de una sentencia a muerte.
Desafío nacional
La desnutrición crónica genera desequilibrios nutricionales en los niños, lo que se refleja en la relación entre la talla de los infantes según su edad.
De acuerdo con los expertos, es vital que los niños se alimenten bien en la llamada Ventana de los mil días, es decir, los primeros tres años de vida, porque de lo contrario se afecta el desarrollo cerebral, ya que en el primer año desarrollan el 60 por ciento de este órgano; durante el segundo año se alcanza el 80 por ciento y en el tercer año se llega al 90 por ciento.
El Tercer Censo de Talla en escolares del Primer Grado de Educación Primaria del sector oficial, en el 2009, determinó que existen 166 municipios del país que muestran “Alta” y “Muy alta” prevalencia de desnutrición crónica, que va del 42 al 91.4 por ciento.
Durante el estudio se analizaron 459 mil 808 niños, de los cuales el 78 por ciento tenían entre 7 y 8 años, edad de ingreso a primer grado.
Entre los hallazgos más relevantes es que el retardo en crecimiento es mayor a nivel rural (49.7%) que urbano (28.3%); en niños que reportan que su idioma materno no es el español, el retardo en crecimiento afecta al 62.5%.
Al analizar a los niños de 9 años, se encontró que las niñas tenían mayor rezago en crecimiento (63.5%), mientras en los niños era de 57%.
En San Juan Atitán, el retardo es casi generalizado y por ello encabeza la prioridad del programa Hambre Cero, con el cual la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional busca reducir los índices de desnutrición crónica en 10 por ciento.


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