Guatemalteco destaca entre 10 latinoamericanos que ayudaron a desarrollar internet


Diez personalidades que contribuyeron al desarrollo de internet en América Latina y el Caribe en la última década fueron reconocidas el martes en Montevideo por el Registro de Direcciones de Internet para la región  (Lacnic, en inglés), que celebra esta semana sus 10 años de vida.


Entre los premiados están el argentino Marcos Galperín, fundador y presidente de Mercado Libre.com, presentado como uno de los emprendimientos privados más exitosos de América Latina y el Caribe; el peruano José Soria, impulsor de la Red Científica Peruana, que masificó el uso de internet en ese país; o el brasileño Demi Getschk, director de NIC.BR, organización responsable de la administración de los nombres de dominio en Brasil.
 Los galardonados con el Premio Trayectoria 2012 se destacaron “por sus contribuciones relevantes y sostenidas realizadas en beneficio del desarrollo de la Sociedad de la Información en América Latina y el Caribe”, destacó LACNIC en un comunicado.

Los premiados han realizado contribuciones en emprendimientos privados, así como trabajos con la sociedad civil, impulsos de políticas públicas sobre internet, investigación y trabajos académicos vinculados a la sociedad de la información, creación de comunidades y desarrollo de infraestructura y avances tecnológicos, añadió.

El resto de los premiados son: Valeria Betancourt  (Ecuador) , Luis Furlán  (Guatemala), Anthony Harris  (Argentina) , Bernadette Lewis  (Trinidad y Tobago), Ben Petrazzini  (Argentina),  Loretta Simon  (Grenada) y Edmundo Vitale  (Venezuela).

Lacnin celebra esta semana su décimo aniversario con una conferencia con expertos de internet y con la reunión anual del Foro de Operadores de Redes de Latinoamérica y el Caribe, LACNOG 2012, que comenzó el lunes y se extenderá hasta el jueves próximo en Montevideo





¿Cómo ser madre y médica..., sin desfallecer en el intento? (Parte 2)


¿Cómo equilibrar la maternidad con la profesión?

Esta es una pregunta que muchas mujeres se hacen. ¿Es posible hallar este equilibrio? ¿Cómo?. 

 “Me pregunto como encontrar un equilibrio –acota M.M.- aun no encuentro la respuesta, lo único que trato es compartir, poco o mucho, pero compartir el tiempo que ellos y yo tenemos, y de no sentir culpas por lo que no hice o pude hacer, porque se que si yo amo mi profesión y soy feliz ellos también crecerán así”.

Estas culpas, según Alberdi y cols., provienen de la ambivalencia que se genera entre las situaciones que surgen de sus propias vivencias y ese modelo de maternidad interiorizado como ideal moral, en el que la mujer se entrega al cuidado y ayuda del prójimo, y que mayormente ha sido adoptado del modelo de sus propias madres.

Sin embargo algunas mujeres parecen haber encontrado una buena manera de sobrellevar esta situación.

“Todo depende de que esta primero, yo equilibro mi vida entre mis hijos y mis pacientes de una manera racional y creo llevarla bien”, afirma I.P.B., y prosigue: “El secreto es la concentración en cada momento, cuando soy medica lo hago a full, pero cuando soy madre presencial también lo hago a full, y nada ni nadie me distrae de mis quehaceres, tuve que poner muchos límites para ambas partes, pero hoy llevo una vida de médica desde hace 17 años muy intensa con muchos viajes al exterior inclusive, tengo 2 hijos maravillosos con quienes llevo una relación espectacular y soy muy feliz siendo medica y mamá. Y ellos también lo disfrutan. Si nací para eso, para ser médica y mamá ¿cómo no disfrutar ambas cosas?”.

L.M.F, coincide: “creo que es mejor una mamá satisfecha profesionalmente, (que cuando llega a casa está contenta, aunque cansada), que una mamá frustrada o malhumorada”. 

Sin embargo, aún hay un largo camino por transitar. Hasta que no exista una real transformación de los valores, será difícil manejar la culpabilidad. “Las madres intentan buscar un equilibrio entre sus propios deseos y las exigencias de la crianza de niños, pero es todavía inaceptable socialmente que pongan sus propias necesidades por encima de las necesidades de los hijos. De alguna manera, sus argumentos siempre han de ser altruistas porque la presión cultural tiende a culpabilizarlas del aspecto que dejen más desatendido”.

No obstante, esta no es la única salida. Otras mujeres optan por un cambio en sus vidas que se sostenga desde el enfoque que se le otorga a la profesión.

M.O.L, sin renunciar a su deseo de ser médica eligió modificar el aspecto laboral como paliativo. “A mí me ha costado mucho entenderlo, al principio me negaba a hacerlo, quería ser feliz, en casa, en el Hospital, con mi esposo, socialmente y con mi familia, pero no lo era, creía que eso era lo que todos esperaban que hiciera, lo que debía hacer por haber dejado parte de mi vida estudiando y haciendo guardias para terminar la carrera, la especialidad y la subespecialidad que tengo en Neonatología, no podía entender por que no era feliz si la carrera que tenemos es hermosa, llena de satisfacciones y muy interesante.

Luego de llevar un duelo conmigo misma, me di cuenta de que había algo que me gustaba más, ser madre y pilar de una familia, y no podía hacerlo como yo quería, de hecho tampoco mi desempeño con neonatóloga era el óptimo pues siempre estaba de permiso, llegaba tarde, salía temprano, cambiaba guardias, etc. Finalmente decidí acercarme a eso que me llenaba tanto y disminuir mi ejercicio profesional a la medicina privada de consultorio para poder manejar mis horarios y no cubrir un horario fijo y limitante. No es fácil, he tenido que aprender mucho y sacrificar también mucho, pero creo que soy más feliz de esta manera que antes y eso es lo que me mantiene en pie y en búsqueda de más opciones dentro de mi especialidad que sean más compatibles con mi vida familiar”.

Madres en el consultorio, médicas en casa

En una esfera laboral en donde lo asistencial tiene un rol preponderante, el ser médica, exige además de conocimientos especializados, un “doble aporte emocional” cuando se suma al rol de madre. “Por definición, la asistencia se vuelve repetitiva y no tiene fin” menciona Kate Osborne en el libro “La mujer en el mundo del trabajo: perspectivas psicológicas y organizativas”.

No es de sorprender entonces que la incorporación del género femenino a las carreras de las ciencias de la salud, como la medicina, estuvieran directamente vinculadas a su rol como madres. De hecho, tal como menciona Alicia Palermo en su trabajo “Mujeres profesionales que ejercieron en Argentina durante el siglo XIX”, fue una suerte de alianza entre la familia y el estado durante ese período, en Latinoamérica, la que produjo que por un lado, las madres representando a las familias y, por otro, los expertos representando al estado, condujeran al camino en donde las mujeres se instruirían adquiriendo conocimientos médicos.

Tal como menciona Peter Gay, el impulso de las mujeres hacia la práctica de la medicina se dio de una forma natural debido a que las esposas y madres eran “las supervisoras de la salud y las enfermeras del hogar”.
De manera recíproca, al parecer, la maternidad le otorga cierto carácter especial al ejercicio de la medicina.

Existe cierta empatía ligada a la maternidad que está presente también en el acto médico. Rivero y Gómez lo denominan “maternización” del rol de médicas y está relacionado con una imposibilidad de separar lo que las médicas son como madres y lo que son como profesionales. Usualmente, tal como lo demuestran algunos testimonios, ambos roles se entremezclan.

M.A.G.A., ecuatoriana y pediatra, comenta: “Una de las cosas mas difíciles ha sido no perder la objetividad al examinar a mis hijas, el hacer un diagnóstico sin pensar en lo más complicado y raro en las enfermedades de mis hijas me resulto siempre muy difícil, por lo demás creo que me hice verdaderamente pediatra luego de tener a mis hijas, porque comprendí que una fiebre para una madre no es lo mismo que la fiebre para la doctora”.

M.P., ilustra también su caso: “soy pediatra hace más de 30 años y un día mi mamá que ya no está, me dijo ¿por qué los chicos que atendés se curan y los tuyos que los atiende otro no?, era cierto en esa época había muchísimas diferencias de criterios, entonces decidí que si yo podía atender a los otros chicos podría con los míos, obvio si hacia falta un especialista recurría a el , hoy tienen 30 26 25 y no me fue para nada mal, creo que todo se basa, además del curriculum, en un poquito de sentido común, y comparto cuando una tiene un hijo con fiebre, comprende mucho mas a las madres”

Naturalmente este hecho se hace aún más evidente en la orientación pediátrica probablemente por el tipo de pacientes que atienden, pero tal vez esté relacionado también con el hecho de que “la pediatría es una de las especialidades que, en el proceso de incorporación y segregación de las mujeres en la profesión médica, siempre se ha considerado como un espacio esencialmente femenino y ha sido más permeable a la incorporación de estereotipos y valores sociales considerados propios de mujeres”, acotan Rivera y Gómez.

“Yo no soy pediatra, pero como médica comparto que cuando una madre médica tiene a sus hijos enfermos es muy difícil mantener la objetividad para pensar como médica” afirma C.B., médica tocoginecóloga. “Siempre te planteas los peores diagnósticos o haces todo al revés de lo que harías si no estuviera el vínculo maternal con el pacientito. Por eso, opté por ponerme de un solo lado y cuando mis hijos enferman hago de mamá. Dejo que piense y decida el pediatra pero ojo, si me dice algo que no me cuadra, tengo la señal de alerta encendida como para buscar otra opinión, lo bueno de entender del tema es eso. Es verdad, después de ser mamá entendés mucho más a esas madres que alguna vez viste en una guardia, al igual que para nosotras las obstetras...después de parir tus propios hijos sentís más empatía con las pacientes durante sus partos”, enfatiza.


"¿Para qué querés hacer la residencia si tenés un marido que te mantenga?”

Las madres médicas, además enfrentan cuestiones que no escapan a las del resto de las profesionales. La desigualdad de género, la discriminación, la falta de una estructura laboral que contemple de una manera adecuada a la maternidad (y por qué no a la paternidad) como un hecho y un derecho, son asignaturas pendientes que deberían formar parte de un nuevo orden social en las políticas gubernamentales. 

“Desde que las mujeres hemos crecido profesionalmente y laboralmente, el tema maternidad en países donde las licencias son breves, es un tema complejo”, sostiene L.M.F. 

A.B.Z, especialista en medicina general, comenta: “algunas veces me sentí un poco decepcionada y sin ganas de seguir adelante, pero no por la familia ya que siempre me siento apoyada y valorada por mis hijos, sino por el medio en que nos movemos, sobre todos las que trabajamos en el sistema de salud público que es tan perverso y con poco reconocimiento de nuestros esfuerzos”, y prosigue: “de ser madre creo no haber perdido nada ya que son hijos excepcionales pero de ser médica si lo perdí ya que debí renunciar a muchas cosas sobre todo en formación y fui dejada de lado por mis propios colegas y jefes haciéndolo saber. Pero no me arrepiento. Trato de ser feliz con mis hijos”.

La cantidad de horas dedicadas en relación a la remuneración recibida, también entra en contradicción con el hecho de distribuir el tiempo entre la familia y el trabajo. “Sobre todo con los sueldos bajísimos y la necesidad de estar todo el día trabajando para poder subsistir dignamente. En Tucumán los sueldos de los médicos son, yo creo, los más bajos del país” relata S.P.C., médica argentina. También desde Argentina, A. P., tocoginecóloga, reafirma estos dichos: “nuestra profesión requiere de una dedicación constante para tener una buena formación y estar actualizada y además en nuestro país implica desplazarse por múltiples lugares para lograr tener a fin de mes un ingreso digno. ¿Entonces cómo compatibilizar la vida profesional y la de madre?”.

Una vez más surge la misma pregunta. Entre todos estos dilemas aparece también el problema de la discriminación. “En las entrevistas para la residencia se pone en evidencia –comenta A.P.-. Muchas pasamos por la horrible y desubicada pregunta ¿cuál es tu método anticonceptivo? O ¿para qué querés hacer la residencia si tenés un marido que te mantenga?”.

M.C.M. es jefa de terapia intensiva de una clínica privada y trabaja en dos hospitales más. “A pesar de todo esto manejo mi casa y mi servicio, a mi modo ver bastante bien, pero a veces no puedo evitar la culpa de no poderlo hacerlo mejor. Mi marido que es también médico me dice... vos genéticamente estás preparada para ser mujer, madre, esposa, amante, etc. ¿De donde sacan eso los hombres?. A veces pienso que me llevo el mundo por delante pero a veces me cuesta tanto avanzar...sobre todo en un mundo tan machista. ¿Cómo le explicas a tu jefe que hoy tu hijo tuvo fiebre o que no llegó la niñera?. Desde el día que comencé mi residencia me juré no ponerlos de excusa y así lo hice”.

Ni siquiera planificación familiar, con una llegada programada de los hijos, tampoco parece resultar una solución suficientemente satisfactoria. Nunca será el momento oportuno. “si es durante la residencia por lo que implica en cuanto a la formación y el ritmo agotador es casi incompatible con una vida de pareja, y mucho menos con la de madre (…) cuando llega el momento de la jefatura tampoco es adecuado y cuando todo acaba, menos, porque llega el momento de la inserción laboral... en fin... parece que todo confabula en contra de la maternidad y un desarrollo exitoso de la profesión”.


¿Sería tarea de las mujeres entonces pensar qué se debería cambiar?

M.V.H. especialista en medicina familiar afirma que los regímenes tales como la residencia juegan absolutamente en contra de la crianza. “También creo que la crianza juega en contra de la formación. Sin embargo, me parece que tanto la formación como la crianza nos aportan de alguna manera un crecimiento que, si sabemos aprovecharlo, no transformará en mejores médicas y mejores madres. Creo que sería bueno interpretar la vida médica como un proceso, entendiendo que el nacimiento de los hijos sin duda propondrá algún tipo de paréntesis en la carrera, pero, dado que cada vez más la medicina es una profesión de mujeres, tendríamos que encontrar una forma femenina de desarrollarla, una forma distinta, mas adaptada a nuestra doble función, evitando tratar de cumplir con los estándares habituales que son, sin duda, masculinos”, concluye.

Más allá de las decisiones y de los emprendimientos personales que puedan adoptar cada una de estas mujeres por sí mismas, y del pretendido y afamado “nuevo rol social” que adquiere el género femenino día a día en la esfera profesional, es evidente que no existe a la par un verdadero avance en las iniciativas sociales y en políticas adecuadas a la altura de las circunstancias y que sean capaces de sustentar estos cambios acompañándolos hacia una calidad de vida adecuada. 

M.E.E, es médica hace más de treinta años, y suma un nuevo rol al de madre y médica: “durante toda mi vida he sido alternativamente  médica-mamá , y mamá-médica, y he disfrutado ..y también muchas veces sufrido esa doble condición. Las que amamos esta profesión apasionante sentimos que somos médicas siempre, y en todo momento, entonces como no agradecer cuando nuestros hijos crecen, y también inevitablemente como no contener la respiración y tratar de pensar con claridad, aunque ellos no sean nuestros pacientes ante una fiebre. Gracias a Dios mis hijos ya son grandes y estoy muy orgullosa de ellos . Tengo nietos..... y ahora muchas veces soy también medica-abuela y abuela-médica.....y espero, si Dios quiere, serlo mientras viva”.

Tal vez, una vez más, el cambio se deba engendrar a partir de estas mismas mujeres. Tal vez, sólo de ellas surgirá el devenir del impulso necesario para que se produzca el movimiento que definitivamente acompañe a un cambio que haría quizás un poco más justo y llevadero este doble rol de mamás y médicas…, y el de muchas otras madres más.




¿Cómo ser madre y médica..., sin desfallecer en el intento? (Parte 1)


Se sabe que ser madre y profesional no es tarea fácil de compatibilizar. Y si se es médica, muchas veces exige un esfuerzo sobrehumano: residencias, guardias, horarios caóticos, convierten a las madres-médicas en verdaderas estrategas a la hora de repartir el tiempo entre el trabajo, los hijos, y las ocupaciones domésticas. Primero vendrán los pañales, luego los deberes, y más tarde tal vez algún conflicto adolescente. Puede que haya una niñera, un papá, una abuela, y hasta tal vez una tía o una amiga, dispuestos a colaborar. 

Aún así, será difícil reemplazar completamente a una madre. Mucho menos si es la biología la que impone restricciones y responsabilidades. Embarazo y lactancia: reemplazantes abstenerse.

Madre y médica…, médica y madre, ¿difícil o imposible?
Más de doscientos cincueta mujeres que han pasado por esta experiencia responden en nuestro FORO de discusión y, a la vez, coinciden: “Difícil, pero no imposible”.

Haciendo lo posible…, haciéndolo posible
El rol de la familia parece jugar un papel esencial a la hora de intentar ser madre y profesional. El hecho de compartir la maternidad con una “paternidad solidaria” y responsable, en donde hay maridos dispuestos a colaborar, ofrece un alivio y una solución a la falta de tiempo. “Tengo la suerte de vivir en una ciudad chica que me permite trabajar full-time y ya no hago guardias. Pero cuando mis hijos eran más chicos las hacía, y mi "santo esposo" se quedaba con ellos y sigue quedándose cuando yo viajo para hacer algún curso o congreso”comenta S.N., cardióloga y madre de 5 hijos. “No existe la formula perfecta –acota- , creo que cada uno hace lo que puede y como puede, sólo debe tratar de sentirse bien con lo que hace”. L.S.A. es una médica argentina que como muchas otras mujeres, considera esencial el rol de su marido: “Comencé mi residencia cuando mi hijo que hoy tiene 19 años, tenia 18 meses. Dude en rendir examen para ingresar pero tuve un gran apoyo, el de mi esposo, que fue el primero en convencerme. Al principio fue difícil ya que vivía de guardia. Al terminar la residencia nació mi segundo hijo que hoy tiene 14 años, aunque hacia guardia tenia más tiempo. Hoy pienso a la distancia que fue lo acertado. Los chicos crecen, todas las etapas son distintas y se disfrutan diferentes, pero se puede”. 

Las abuelas también tienen un rol fundamental. “Creo que mi experiencia hasta ahora es positiva, mi esposo y mi madre se turnan para ayudar y logré un día fijo de guardia que es un tema. Mi esposo ha tenido que cambiar un trabajo para poder acompañar. Yo he dejado muchas cosas por esta causa, pero creo que es una causa justa”, afirma S.V.C., especialista en medicina general.

“Ser madre y médica es complicado –afirma K.D.C, médica tocoginecóloga argentina.- pero mucho más si somos de especialidades de urgencia que hace que además tengamos que salir a cualquier hora a resolverla, en mi experiencia es fundamental el apoyo de la pareja, para que pueda ayudar en la tarea de los hijos y la casa”.

"Esta tarea de madre y médica trae consigo muchos sacrificios, y en especial a las personas que nos apoyan, en mi caso mi madre, que es la súper abuela. Es difícil, pero con amor, posible”, afirma A.G.B., anestesióloga cubana.

Pero no siempre la situación es la del marido que colabora. Más allá de la “voluntad” de los “papás”, existen cuestiones de raigambre social, que tienen que ver con la falta de “educación” o “preparación” necesarias para que un padre pueda llevar a cabo aquellas tareas relacionadas con el cuidado de los hijos. Históricamente, la educación que reciben hombres y mujeres es diferente, a la mujer suelen asignárseles aquellas tareas que tienen que ver con lo “afectivo”, mientras que a los hombres se les asigna aquello relacionado a lo “instrumental”. Y, “aunque este reparto está sometido a transformaciones constituye un ideal social que también puede serlo personal”, mencionan Ana Delgado Sánchez, Ana Távora Rivero y Teresa Ortíz Gómez, en “Las médicas, sus prácticas y el dilema con la feminidad”.

Las mismas autoras hablan, además, sobre la existencia de una suerte de “paradoja” que  se produce cuando a su vez, las mujeres, deseosas de repartir con su pareja las tareas vinculadas a la crianza de los hijos, descreen de la capacidad de los hombres para emprender dichas labores. Esto se debe según comentan a un “fuerte sentimiento de patrimonio”, es decir a una suerte de “reticencia a cederles un espacio que socialmente se espera que sea ocupado por ellas”. 

M.O.L., es mexicana, médica, madre de dos hijos de 7 y 9 años, y suma a esta situación, la de un marido médico: “mi marido es un gran médico y esposo, no obstante tengo que decir que la educación que ha recibido ha sido un pequeño obstáculo para que pueda adaptarse a la vida familiar. Como padres les es mucho más difícil estar en casa y ocuparse de los niños. El trabaja de tiempo completo y más; por la mañana es jefe de servicio en un Hospital y por la tarde es médico adscrito en otro, esto, no le deja tiempo en la semana más que por teléfono para la familia. Yo sé que por su carácter no sería feliz de otro modo,  después de muchas pláticas entre nosotros se ha involucrado cada vez un poco más”…” creo que esa ceguera muchas veces causada por la educación que recibieron, la vamos quitando poco a poco y sobre todo, transmitir ese cambio a nuestro hijo varón para que el día de mañana las cosas cambien”. 

Ante la ausencia de ayuda familiar mucha gente recurre a la asistencia externa. E. I. M., médica clínica, da testimonio de ello y opina: “Creo que lo que hay que tener es ayuda calificada, y preverla desde el momento de la concepción. Tuve 3 hijos prácticamente en un año, 2 mellizas y luego un varón. Trabaje durante 4 hs diarias hasta que empezaron a ir al jardín de infantes. Tuve la suerte de contar con una persona que me ayudo con ellos, y de tener amigos dispuestos a dar siempre una mano. Pude retomar mi actividad de carga horaria completa prácticamente cuando ya estaban los tres en la primaria”.

¿Qué les pasa a las madres?
Sin lugar a dudas el modelo de madre de tiempo completo o  «maternidad intensiva», tal como lo denominan las sociólogas españolas Carlota Solé y Sonia Parella, fue impuesto en la sociedad durante siglos, e interfiere claramente con el nuevo y pretendido modelo de maternidad planteada como «compartida». 

La lucha de la mujer moderna, en pugna por «equiparar» al hombre en ciertos aspectos, entra en contradicción con este «mandato» social que rigió durante siglos la vida en familia, y la coloca en un dilema que la mayoría de las mujeres hasta mediados del siglo pasado no enfrentaban. Simplemente la posibilidad de desarrollarse profesionalmente no formaba parte, habitualmente, de las proyecciones en la vida femenina. 

Solé y Parella lo explicitan: “si bien las prácticas cotidianas rompen con el modelo de la «maternidad intensiva» y se encaminan hacia formas de maternidad «compartida» y menos presencial, el peso del imaginario de la «maternidad intensiva» sigue generando frustración y ambivalencia en unas mujeres que no están dispuestas a ver menguar su carrera profesional; pero a las que, al mismo tiempo, les gustaría poder dedicar mayor atención a sus hijos”. Todo esto se encuentra enmarcado dentro de la falta de corresponsabilidad masculina en la esfera reproductiva y es causante de que estas mujeres perciban que con la llegada de los hijos su calidad de vida es la que se deteriora y no la de sus cónyuges, afirman Solé y Parella. “Para ellos, ser «padres» y seguir una trayectoria profesional «exitosa» se plantea como algo compatible, que no implica renuncias ni a nivel práctico ni a nivel simbólico”, prosiguen.

Ese imaginario es el responsable de generar el gran dilema a la hora de la elección entre la dedicación a la carrera o la familia. Si bien estas dos posibilidades no resultan mutuamente excluyentes, por lo general ambos aspectos entran en conflicto en alguna etapa del desarrollo profesional o familiar. “El mito de la maternidad «intensiva» sigue estando bien arraigado en el imaginario colectivo de las mujeres, pese a su inoperatividad en la práctica cotidiana en muchos casos. El dilema ante aspiraciones incompatibles genera un fuerte sentimiento de frustración, estrés, angustia y culpabilidad”, recalcan Solé y Parella. 

«Mami, no te vayas...»

Frustración, estrés, angustia y culpabilidad. Muchas madres han transitado por estas sensaciones.  Es el caso de C.B., médica tocoginecóloga, y madre de dos hijos: “No sólo tuve ganas de tirar todo por la ventana con respecto a mi carrera como médica más de una vez, sino que ¡me sigue pasando!” –exclama-. “Tengo momentos de mucha desesperación en los que quiero abandonar todo y ser solo mamá por muchas razones, especialmente por culpa, que creo que es una condición que acompaña permanentemente a la madre. Los momentos son muchos: cuando un hijo se enferma y está con fiebre...renunciarías a todo por quedarte con él, en los actos escolares, cuando te dicen «mami, no te vayas»…". 

A.M.D.D., uruguaya y médica clínica, comenta: “La angustia por la disminución de cantidad de horas dedicadas a estudiar ir a cursos a actualizaciones a las que antes siempre iba es lo que mas me ha angustiado luego de tener familia y reintegrarme a trabajar.  Hoy con un bebé de un año lo más que hago es trabajar, pero ha bajado mi rendimiento como médico”.

Es difícil tomar una decisión frente al gran dilema al que muchas madres se enfrentan: ¿primero la profesión o los hijos?. 

“Si hubiese sido solo madre tal vez lo hubiese hecho mejor. Si solo hubiese sido cardióloga, tal vez seria mejor. Pero eso no existe en la vida real. Todo depende de como se siente cada uno con lo que hace. Trato de hacer cada cosa lo mejor que puedo y eso significa siempre elegir”, afirma S.N.

La elección parece conllevar siempre un costo inevitable que confronta a la mujer consigo misma, con los deberes que la sociedad impone y con sus deseos de realizarse profesionalmente. Y habrá que enfrentar las consecuencias de una u otra elección. Muchas veces, incluso, las posibilidades sobre las cuales recae la decisión parecen verse representadas a través de la ley del  “todo o nada”, de acuerdo a lo que mencionan las sociólogas Sánchez, Rivera y López. Así mismo, observan en su estudio que ante la elección las mujeres habitualmente abandonan los aspectos relacionados a la esfera profesional, los cuales resultan más fáciles de “relegar”.

M.O.L., pediatra, confiesa: “preferí perder más como médica que como madre, pero siempre pierdes y una u otra decisión trae consecuencias que afrontar, por lo que tienes que poner las cosas en una balanza y decidir cuál deberá ser más importante y con más peso”. 

 “Yo prioricé mi maternidad, estar con ellos y decidí renunciar más a la profesión. Tiene un costo, como médica no alcancé todo lo que hubiese podido pero no me arrepiento porque ser madre me llena de satisfacciones, que nada de lo que haga en mi carrera se puede comparar. El tiempo pasa tan rápido que no quisiera un día ya grandes mis hijos arrepentirme de no haberlos vivido, no haber estado con ellos”, reflexiona C.B.

M.M., pediatra, comenta: “es tan difícil partirse en dos, que a veces me pregunto si hago bien o mal en tratar de trabajar, tener guardias, salir de un lado ir a otro, sin que ellos noten nuestras ausencias. Se que lo que elegí me fascina, pero se que ser madre fue también una elección”

Al parecer, la elección va de la mano de la presión que ejerce el entorno en cuanto al rol social que se pretende que deba asumir la mujer: el de conducir la familia. Más aún -comentan Sánchez y colaboradores- ellas mismas han introducido esta idea dentro de su propia vida, ya que forma parte de su escala de valores “y ello les impide optar libremente cuando la disyuntiva surge en sus vidas”. Así, “se acomodan a las expectativas que los demás tienen sobre su elección y las convierten en las suyas propias. Parece como si el hecho de que los demás no consideren la importancia que puede tener su trabajo, contribuya a que ellas tampoco lo valoren”. 

A.L.C., es especialista en medicina general y optó por equilibrar estos «deseos» y «deberes»: “Cuando tuve que decidir opte por equilibrar entre mis deseos personales y el deber de madre y esposa, actualmente por circunstancias especiales, en casa soy la que aporta monetariamente”(…)” Por los resultados que he obtenido, la importancia de la figura materna en el hogar es relevante y mientras podamos guiar a nuestros hijos poniendo límites, y generando responsabilidades según su edad, podemos seguir ejerciendo nuestra profesión sin temor y con toda nuestra fuerza”.

Deseos y deberes

Pero ¿cuáles son los deseos y cuáles los deberes?. ¿Asistimos a un cambio en esta escala de valores?. La respuesta pareciera ser sí. Progresivamente este panorama va cambiando. Ser madre comienza a dejar de ser un “deber” social. Las mujeres jóvenes comienzan a darle prioridad a la profesión en pos de la maternidad, como si ésta pasara de ser un eje central a un complemento vital. Esto explica hechos tales como que la concepción de los hijos comience a darse a una edad más tardía entre las mujeres profesionales. Incluso, en extremo, algunas mujeres optan por renunciar a la maternidad, debido a que el ser madre es considerado como un obstáculo a la hora del desarrollo o éxito profesional. Esto parece evidenciarse de manera explícita en estudios recientes que muestran las crecientes bajas en las tasas de natalidad en continentes como el europeo. Estas observaciones podrían ser claramente atribuibles a este cambio en el pensamiento del propio proyecto de vida femenino.

M.B.A.C, uruguaya, tomó la decisión de no ser madre: “Soy Pediatra y en mi consulta y vivir diario, veo y asisto niños con las más variadas dificultades y patologias relacionadas de algún modo u otro con la falta de "presencia" de los padres, fundamentalmente de la madre, porque trabaja o estudia. Entonces mi pregunta es: ¿en quien debemos de pensar? ¿en nosotras que queremos cumplir nuestro deseo de ser madres como sea? ¿porque la sociedad así lo manda de alguna manera o porque esta en los genes? ¿o en los niños y su salud mental y física?. Veo a diario a amigas y colegas como se dividen, disgregan y se sienten culpables por no poder cumplir con ambas responsabilidades. Es una tortura para todos. Elegí ser médico y no madre. Y la sociedad (nosotros mismos) pretende cobrártelo y como! Me dí cuenta que no se pueden hacer las cosas más importantes de nuestras vidas a medias, no es justo para ninguna de las partes involucradas y lo más importante, no veo buenos resultados”.

Ciertamente las mujeres serán juzgadas cruelmente por la sociedad ante una u otra decisión. Y como si se tratase de la fábula de «El molinero, su hijo y el asno», no existirá una forma posible de encontrar consenso en la conformidad. Alberdi, Escario y Matas, en su trabajo “las mujeres jóvenes en España”, a través de una cita de un texto de S. Hays denominado “Las contradicciones culturales de la maternidad”, grafican la situación: “Si una mujer permanece sin hijos voluntariamente, algunos dirán que es fría y que no se realiza como mujer. Si es una madre que trabaja demasiado en su empleo o carrera, algunos la acusaran de negligencia hacia sus hijos. Si no trabaja lo suficientemente duro, la situarán en el perfil de «mamá» y el avance de su carrera se verá frenado porque la dedicación a sus hijos interfiere con el trabajo. Y si se queda en el hogar con sus hijos, muchos la llamarán improductiva e inútil. En otras palabras, una mujer no puede nunca hacer lo correcto”.





Buenas prácticas en manejo del dolor postoperatorio y secundario a procedimientos, Segunda edición


Good Practice in Postoperative and Procedural Pain Management, 2nd Edition
July 2012
Pediatric Anesthesia 2012. Volume 22, Issue Supplement s1
Pages 1-79





http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1460-9592.2012.03838.x/pdf 





Muerte de hombre tras comer cucarachas trae dudas en concurso


Un médico forense de Florida trata de dilucidar qué fue lo que provocó que Edward Archbold, de 32 años de edad, muriera después de comer todo tipo de bichos vivos durante un concurso en Florida para ganarse una serpiente, mientras que la gente de todo Estados Unidos se pregunta ¿Por qué?



¿Por qué iba alguien a comer una cucaracha viva? ¿Por qué murió si otros concursantes comieron los mismos bichos sin incidentes? ¿Qué inspiró a Archbold —descrito por el dueño de la tienda que organizó el concurso como "el alma de la fiesta" — a ingerir puñados no sólo de cucarachas, sino de grillos y gusanos?
Aunque comer insectos es normal en muchas partes del mundo, la práctica es un tabú en muchos países occidentales.
Lou Manza, profesor de Psicología en el Lebanon Valley College, dijo que quienes participan en concursos extremos, como este, "buscan cosas para hacer la vida diferente".
"En cierto nivel, todos estamos buscando cosas que rompan con la monotonía", agregó Manza, quien participa en maratones extremos.
Unos 30 participantes comieron los insectos el viernes por la noche en la tienda de reptiles Ben Siegel, en Deerfield Beach, a unos 65 kilómetros (40 millas) al norte de Miami. El primer premio era una serpiente pitón.
Consecuencias
Edward Archbold, de 32 años, se enfermó poco después del concurso y se desmayó frente al comercio, según un comunicado difundido el lunes por la Policía del condado de Broward. Fue llevado a un hospital, donde lo declararon muerto. Las autoridades aguardan los resultados de la autopsia para determinar la causa de la muerte.
La Policía dijo que ningún otro participante en el concurso se enfermó.
"A no ser que estén contaminadas con alguna bacteria u otro patógeno, no creo que sea inseguro comer cucarachas", dijo Michael Adams, profesor de Entomología de la Universidad de California en Riverside. Agregó que nunca supo que alguien muriera por comer cucarachas.
"Algunas personas son alérgicas a las cucarachas", agregó, "pero ni las cucarachas ni insectos parecidos generan toxinas".
"Lo sentimos mucho", dijo Ben Siegel, propietario de la tienda que convocó al concurso. Agregó que Archbold no dio síntomas de estar enfermo antes del certamen.
"Parecía que quería alardear y era muy simpático", dijo Siegel. Agregó que Archbold era "el alma de la fiesta".
Una declaración del abogado de Siegel dijo que todos los participantes firmaron documentos "aceptando la responsabilidad de su participación en este concurso único y poco ortodoxo".
Los bichos que fueron ingeridos fueron criados "de manera segura y doméstica, en un ambiente controlado para suministrarlos como alimento para reptiles", agregó.
Sarah Bernard, estudiante de entomología en la Universidad de Florida, asistió a ver el concurso y dijo que la estrategia de Archbold era engullir todo en su boca y luego tragarlo con agua. Agregó que los participantes pasaron por varias rondas con diferentes bichos, y el último eran las cucarachas, que medían de 7 a 10 centímetros de largo (3 a 4 pulgadas).
Coby Schal, profesor de Entomología de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, opinó que posiblemente la muerte de Archbold se debió a una respuesta alérgica.
"Aunque siempre existe la posibilidad de que las cucarachas tengan bacterias, la respuesta no es inmediata". Agregó que el hecho de que sólo un concursante resultara afectado, indica que fue algo relacionado con la fisiología de Archbold.





Estos son los inventos más ridículos de la historia


Cada año se lanzan al mercado muchos nuevos inventos, muchos de los cuales son bastantes útiles, algunos han marcado una huella en la historia, pero los hay los ridículos.
¿Quieres saber cuáles son los 10 inventos más ridículos?
1) Zapatos que limpian el polvo al caminar
Si no quieres ensuciarte las manos al trapear el piso, estos zapatos son perfectas pues quitan el polvo del suelo al caminar. ¿Hay quien los usaría?
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2) Un taza que agita el café por ti
Es una de los productos más ridículos que se han inventado. Aunque si existe gente que ni siquiera se quiere molestar para revolver su propia taza de té o café esta taza es una excelente opción.
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3) Un marcador de abdomen
Quizá este el invento más ridículo. Pues pretende hacer las lineas de los cuadros de tu adomen, si no tienes tiempo o ganas de ir al gimnasio para trabajar tu abdomen. Una excelente alternativa para la gente floja… opps! ¿O que te parece?
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4) Un sillón de lectura
Este es un sillón para lectura, pues pone a la persona en el ángulo perfecto para leer, además de que le sostiene el libro, pero ¿voltea la página por ti? ¿No se hace ridículo este invento?
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5) Un cono para helados
En un afán de hacer más emocionante la experiencia de comer helado, han inventado este cono motorizado. Para que el barquillo le dé la vuelta al helado por ti, sin que te fatiges por dar la vuelta al cono.
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6) Un invento para ponerse el calcetín
Para las personas que están tan cansadas en la mañana como para ponerse un simple calcetín con la ayuda de este dispositivo que tienes que jalar hacia arriba del pie. ¿Verdad que un invento muy ridículo?
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7) Pelador de plátanos
¿Quien querría un aparato para abrir un plátano? A pues este invento funciona para abrir un plátano si no lo quieres hacer, el problema es que tarda 10 minutos. Más que ridículo.
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8 ) Un temporarizador para te
No sabes cuanto tiempo debe pasar para que esté listo tu té, el temporizador del pingüino hará el trabajo por ti.
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9) Un tenedor para espagueti
Un tenedor que gira para el espagueti para que no te vayas a ensuciar a la hora de comer.
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10) Huevos duros cocidos
Si eres de los que ni siquiera sabe como cocer un huevo. Este invento tan ridículo es para ti. Pues los huevos ya están cocidos y pelados además.
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Esta es la razón por la que los hombres aman los senos

Basándose en los fundamentos de las bases neurológicas de comportamientos sociales complejos, el psiquiatra Larry Young cree que evolutivamente el ser humano ha aprovechado un circuito neuronal que originalmente se desarrolló para fortalecer el vínculo entre madre e hijo durante la lactancia, que ahora se utiliza para fortalecer la cercanía y el vínculo con la pareja.


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Cuando los pezones de una mujer se estimulan durante la lactancia, la oxitocina, también conocida como “la droga del amor”, inunda su cerebro, lo que ayuda a enfocar su atención y afecto en el bebé. Sin embargo, varias investigaciones afirman que este circuito no sólo está a disposición de los recién nacidos.
Los investigadores han concluido que la estimulación de los pezones femeninos aumenta la excitación en la gran mayoría de mujeres y activa las mismas áreas del cerebro como si se tratase de una estimulación vaginal o clitoriana.
Cuando una pareja se estimula por medio de caricias, masajes, especialmente la mujer libera importantes cantidades de oxitocina, como cuando alimenta a un recién nacido, sólo que en este escenario la oxitocina se centra en la parte sexual, fortaleciendo sus deseos de vincularse con la pareja en turno. En otras palabras, los hombres pueden volverse más atractivos mediante la estimulación de los senos de la mujer. La evolución, en cierto sentido, hizo que los hombres adultos sientan esta afición por  los senos.
“Esta atracción es una organización cerebral que ocurre en la adolescencia de los hombres heterosexuales”, dijo Larry Young. “La evolución ha seleccionado para sus cerebros una organización que les permite sentirse más atractivos en el plano sexual. Es un comportamiento que ha evolucionado en los hombres a fin de estimular los circuitos femeninos relacionados al apego maternal”.
¿Por qué este cambio evolutivo ocurre en los seres humanos y no en otros mamíferos? Young cree que se debe a que las personas forman relaciones monógamas, mientras que el 97% de los otros mamíferos no lo hacen. En segundo lugar, Young sugiere que posiblemente la anatomía tenga que ver, ya que en la mayoría de las posiciones sexuales que el ser humano practica son cara a cara, las cuales ofrecen más oportunidad de estimular los pezones.




La conexión del futuro


El científico alemán Herald Hass y su equipo de investigación de la Universidad de Edimburgo, Escocia, son los desarrolladores de Li-Fi, una nueva tecnología que emplea rayos de luz para transmitir información digital de manera inalámbrica, la cual denominaron Comunicación de Luz Visible (VLC, en inglés).




“La idea es convertir las bombillas de diodos emisores de luz (LED, en inglés) en dispositivos de comunicación de banda ancha, para que no solo proporcionen iluminación, sino que sean una herramienta de conexión”, explica Hass.
El experto afirma que al agregar un microchip a cualquier foco LED común se puede transferir información en un flujo de código binario, que aunque es invisible para el ojo humano puede ser detectado por un receptor de luz.
“El sistema LVC que se implementará para Li-Fi es similar a enviar una señal en código morse con una lámpara, pero a un ritmo mucho mayor y con el alfabeto que las computadoras entienden”, indica.
De acuerdo con el especialista, implementar esta tecnología permitirá que donde haya una bombilla —se calcula que hay 14 mil millones en el mundo— se tendrá la posibilidad de conectarse de manera inalámbrica a internet. Eso significa que cualquier poste de luz en las calles podría ser un router.
Los retos
Thomas Kamalakis, profesor del Departamento de Informática y Telemática de la Universidad Harokopio, Atenas, Grecia, elogió el trabajo de Haas, pero advierte que no se puede sobrestimar su potencial.
“Uno de los problemas para este sistema es que la luz no puede pasar a través de los objetos, así que si un receptor es bloqueado de cualquier forma, la señal se cortará inmediatamente, asegura Kamalakis.
Mark Leeson, catedrático de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Warwick, Reino Unido, también pronostica muchos desafíos. “La inquietud es cómo un teléfono móvil se comunicará con la fuente de luz”, cuestiona.
Haas dice que la VLC no viene a competir con la conexión Wi-Fi, sino que es una tecnología complementaria que ayudará a liberar el espacio en el espectro de ondas de radio.
Tendencia
Aunque el uso generalizado del Li-Fi todavía es lejano, podría tener algunas aplicaciones útiles a corto plazo. Por ejemplo, Haas explica que en los viajes aéreos las luces de la cabina podrían conectar móviles y computadoras portátiles a la red. También mejoraría las condiciones para quienes trabajan bajo el agua, como en plataformas petroleras, donde las ondas de radio no pueden penetrar.
Datos
Cualquier poste de luz en la calle podría ser un punto de conexión a
internet.
El mayor inconveniente es que la luz no puede atravesar objetos ni paredes. Los científicos desarrollan varias estrategias para superar ese reto.