¿Cómo ser madre y médica..., sin desfallecer en el intento? (Parte 1)


Se sabe que ser madre y profesional no es tarea fácil de compatibilizar. Y si se es médica, muchas veces exige un esfuerzo sobrehumano: residencias, guardias, horarios caóticos, convierten a las madres-médicas en verdaderas estrategas a la hora de repartir el tiempo entre el trabajo, los hijos, y las ocupaciones domésticas. Primero vendrán los pañales, luego los deberes, y más tarde tal vez algún conflicto adolescente. Puede que haya una niñera, un papá, una abuela, y hasta tal vez una tía o una amiga, dispuestos a colaborar. 

Aún así, será difícil reemplazar completamente a una madre. Mucho menos si es la biología la que impone restricciones y responsabilidades. Embarazo y lactancia: reemplazantes abstenerse.

Madre y médica…, médica y madre, ¿difícil o imposible?
Más de doscientos cincueta mujeres que han pasado por esta experiencia responden en nuestro FORO de discusión y, a la vez, coinciden: “Difícil, pero no imposible”.

Haciendo lo posible…, haciéndolo posible
El rol de la familia parece jugar un papel esencial a la hora de intentar ser madre y profesional. El hecho de compartir la maternidad con una “paternidad solidaria” y responsable, en donde hay maridos dispuestos a colaborar, ofrece un alivio y una solución a la falta de tiempo. “Tengo la suerte de vivir en una ciudad chica que me permite trabajar full-time y ya no hago guardias. Pero cuando mis hijos eran más chicos las hacía, y mi "santo esposo" se quedaba con ellos y sigue quedándose cuando yo viajo para hacer algún curso o congreso”comenta S.N., cardióloga y madre de 5 hijos. “No existe la formula perfecta –acota- , creo que cada uno hace lo que puede y como puede, sólo debe tratar de sentirse bien con lo que hace”. L.S.A. es una médica argentina que como muchas otras mujeres, considera esencial el rol de su marido: “Comencé mi residencia cuando mi hijo que hoy tiene 19 años, tenia 18 meses. Dude en rendir examen para ingresar pero tuve un gran apoyo, el de mi esposo, que fue el primero en convencerme. Al principio fue difícil ya que vivía de guardia. Al terminar la residencia nació mi segundo hijo que hoy tiene 14 años, aunque hacia guardia tenia más tiempo. Hoy pienso a la distancia que fue lo acertado. Los chicos crecen, todas las etapas son distintas y se disfrutan diferentes, pero se puede”. 

Las abuelas también tienen un rol fundamental. “Creo que mi experiencia hasta ahora es positiva, mi esposo y mi madre se turnan para ayudar y logré un día fijo de guardia que es un tema. Mi esposo ha tenido que cambiar un trabajo para poder acompañar. Yo he dejado muchas cosas por esta causa, pero creo que es una causa justa”, afirma S.V.C., especialista en medicina general.

“Ser madre y médica es complicado –afirma K.D.C, médica tocoginecóloga argentina.- pero mucho más si somos de especialidades de urgencia que hace que además tengamos que salir a cualquier hora a resolverla, en mi experiencia es fundamental el apoyo de la pareja, para que pueda ayudar en la tarea de los hijos y la casa”.

"Esta tarea de madre y médica trae consigo muchos sacrificios, y en especial a las personas que nos apoyan, en mi caso mi madre, que es la súper abuela. Es difícil, pero con amor, posible”, afirma A.G.B., anestesióloga cubana.

Pero no siempre la situación es la del marido que colabora. Más allá de la “voluntad” de los “papás”, existen cuestiones de raigambre social, que tienen que ver con la falta de “educación” o “preparación” necesarias para que un padre pueda llevar a cabo aquellas tareas relacionadas con el cuidado de los hijos. Históricamente, la educación que reciben hombres y mujeres es diferente, a la mujer suelen asignárseles aquellas tareas que tienen que ver con lo “afectivo”, mientras que a los hombres se les asigna aquello relacionado a lo “instrumental”. Y, “aunque este reparto está sometido a transformaciones constituye un ideal social que también puede serlo personal”, mencionan Ana Delgado Sánchez, Ana Távora Rivero y Teresa Ortíz Gómez, en “Las médicas, sus prácticas y el dilema con la feminidad”.

Las mismas autoras hablan, además, sobre la existencia de una suerte de “paradoja” que  se produce cuando a su vez, las mujeres, deseosas de repartir con su pareja las tareas vinculadas a la crianza de los hijos, descreen de la capacidad de los hombres para emprender dichas labores. Esto se debe según comentan a un “fuerte sentimiento de patrimonio”, es decir a una suerte de “reticencia a cederles un espacio que socialmente se espera que sea ocupado por ellas”. 

M.O.L., es mexicana, médica, madre de dos hijos de 7 y 9 años, y suma a esta situación, la de un marido médico: “mi marido es un gran médico y esposo, no obstante tengo que decir que la educación que ha recibido ha sido un pequeño obstáculo para que pueda adaptarse a la vida familiar. Como padres les es mucho más difícil estar en casa y ocuparse de los niños. El trabaja de tiempo completo y más; por la mañana es jefe de servicio en un Hospital y por la tarde es médico adscrito en otro, esto, no le deja tiempo en la semana más que por teléfono para la familia. Yo sé que por su carácter no sería feliz de otro modo,  después de muchas pláticas entre nosotros se ha involucrado cada vez un poco más”…” creo que esa ceguera muchas veces causada por la educación que recibieron, la vamos quitando poco a poco y sobre todo, transmitir ese cambio a nuestro hijo varón para que el día de mañana las cosas cambien”. 

Ante la ausencia de ayuda familiar mucha gente recurre a la asistencia externa. E. I. M., médica clínica, da testimonio de ello y opina: “Creo que lo que hay que tener es ayuda calificada, y preverla desde el momento de la concepción. Tuve 3 hijos prácticamente en un año, 2 mellizas y luego un varón. Trabaje durante 4 hs diarias hasta que empezaron a ir al jardín de infantes. Tuve la suerte de contar con una persona que me ayudo con ellos, y de tener amigos dispuestos a dar siempre una mano. Pude retomar mi actividad de carga horaria completa prácticamente cuando ya estaban los tres en la primaria”.

¿Qué les pasa a las madres?
Sin lugar a dudas el modelo de madre de tiempo completo o  «maternidad intensiva», tal como lo denominan las sociólogas españolas Carlota Solé y Sonia Parella, fue impuesto en la sociedad durante siglos, e interfiere claramente con el nuevo y pretendido modelo de maternidad planteada como «compartida». 

La lucha de la mujer moderna, en pugna por «equiparar» al hombre en ciertos aspectos, entra en contradicción con este «mandato» social que rigió durante siglos la vida en familia, y la coloca en un dilema que la mayoría de las mujeres hasta mediados del siglo pasado no enfrentaban. Simplemente la posibilidad de desarrollarse profesionalmente no formaba parte, habitualmente, de las proyecciones en la vida femenina. 

Solé y Parella lo explicitan: “si bien las prácticas cotidianas rompen con el modelo de la «maternidad intensiva» y se encaminan hacia formas de maternidad «compartida» y menos presencial, el peso del imaginario de la «maternidad intensiva» sigue generando frustración y ambivalencia en unas mujeres que no están dispuestas a ver menguar su carrera profesional; pero a las que, al mismo tiempo, les gustaría poder dedicar mayor atención a sus hijos”. Todo esto se encuentra enmarcado dentro de la falta de corresponsabilidad masculina en la esfera reproductiva y es causante de que estas mujeres perciban que con la llegada de los hijos su calidad de vida es la que se deteriora y no la de sus cónyuges, afirman Solé y Parella. “Para ellos, ser «padres» y seguir una trayectoria profesional «exitosa» se plantea como algo compatible, que no implica renuncias ni a nivel práctico ni a nivel simbólico”, prosiguen.

Ese imaginario es el responsable de generar el gran dilema a la hora de la elección entre la dedicación a la carrera o la familia. Si bien estas dos posibilidades no resultan mutuamente excluyentes, por lo general ambos aspectos entran en conflicto en alguna etapa del desarrollo profesional o familiar. “El mito de la maternidad «intensiva» sigue estando bien arraigado en el imaginario colectivo de las mujeres, pese a su inoperatividad en la práctica cotidiana en muchos casos. El dilema ante aspiraciones incompatibles genera un fuerte sentimiento de frustración, estrés, angustia y culpabilidad”, recalcan Solé y Parella. 

«Mami, no te vayas...»

Frustración, estrés, angustia y culpabilidad. Muchas madres han transitado por estas sensaciones.  Es el caso de C.B., médica tocoginecóloga, y madre de dos hijos: “No sólo tuve ganas de tirar todo por la ventana con respecto a mi carrera como médica más de una vez, sino que ¡me sigue pasando!” –exclama-. “Tengo momentos de mucha desesperación en los que quiero abandonar todo y ser solo mamá por muchas razones, especialmente por culpa, que creo que es una condición que acompaña permanentemente a la madre. Los momentos son muchos: cuando un hijo se enferma y está con fiebre...renunciarías a todo por quedarte con él, en los actos escolares, cuando te dicen «mami, no te vayas»…". 

A.M.D.D., uruguaya y médica clínica, comenta: “La angustia por la disminución de cantidad de horas dedicadas a estudiar ir a cursos a actualizaciones a las que antes siempre iba es lo que mas me ha angustiado luego de tener familia y reintegrarme a trabajar.  Hoy con un bebé de un año lo más que hago es trabajar, pero ha bajado mi rendimiento como médico”.

Es difícil tomar una decisión frente al gran dilema al que muchas madres se enfrentan: ¿primero la profesión o los hijos?. 

“Si hubiese sido solo madre tal vez lo hubiese hecho mejor. Si solo hubiese sido cardióloga, tal vez seria mejor. Pero eso no existe en la vida real. Todo depende de como se siente cada uno con lo que hace. Trato de hacer cada cosa lo mejor que puedo y eso significa siempre elegir”, afirma S.N.

La elección parece conllevar siempre un costo inevitable que confronta a la mujer consigo misma, con los deberes que la sociedad impone y con sus deseos de realizarse profesionalmente. Y habrá que enfrentar las consecuencias de una u otra elección. Muchas veces, incluso, las posibilidades sobre las cuales recae la decisión parecen verse representadas a través de la ley del  “todo o nada”, de acuerdo a lo que mencionan las sociólogas Sánchez, Rivera y López. Así mismo, observan en su estudio que ante la elección las mujeres habitualmente abandonan los aspectos relacionados a la esfera profesional, los cuales resultan más fáciles de “relegar”.

M.O.L., pediatra, confiesa: “preferí perder más como médica que como madre, pero siempre pierdes y una u otra decisión trae consecuencias que afrontar, por lo que tienes que poner las cosas en una balanza y decidir cuál deberá ser más importante y con más peso”. 

 “Yo prioricé mi maternidad, estar con ellos y decidí renunciar más a la profesión. Tiene un costo, como médica no alcancé todo lo que hubiese podido pero no me arrepiento porque ser madre me llena de satisfacciones, que nada de lo que haga en mi carrera se puede comparar. El tiempo pasa tan rápido que no quisiera un día ya grandes mis hijos arrepentirme de no haberlos vivido, no haber estado con ellos”, reflexiona C.B.

M.M., pediatra, comenta: “es tan difícil partirse en dos, que a veces me pregunto si hago bien o mal en tratar de trabajar, tener guardias, salir de un lado ir a otro, sin que ellos noten nuestras ausencias. Se que lo que elegí me fascina, pero se que ser madre fue también una elección”

Al parecer, la elección va de la mano de la presión que ejerce el entorno en cuanto al rol social que se pretende que deba asumir la mujer: el de conducir la familia. Más aún -comentan Sánchez y colaboradores- ellas mismas han introducido esta idea dentro de su propia vida, ya que forma parte de su escala de valores “y ello les impide optar libremente cuando la disyuntiva surge en sus vidas”. Así, “se acomodan a las expectativas que los demás tienen sobre su elección y las convierten en las suyas propias. Parece como si el hecho de que los demás no consideren la importancia que puede tener su trabajo, contribuya a que ellas tampoco lo valoren”. 

A.L.C., es especialista en medicina general y optó por equilibrar estos «deseos» y «deberes»: “Cuando tuve que decidir opte por equilibrar entre mis deseos personales y el deber de madre y esposa, actualmente por circunstancias especiales, en casa soy la que aporta monetariamente”(…)” Por los resultados que he obtenido, la importancia de la figura materna en el hogar es relevante y mientras podamos guiar a nuestros hijos poniendo límites, y generando responsabilidades según su edad, podemos seguir ejerciendo nuestra profesión sin temor y con toda nuestra fuerza”.

Deseos y deberes

Pero ¿cuáles son los deseos y cuáles los deberes?. ¿Asistimos a un cambio en esta escala de valores?. La respuesta pareciera ser sí. Progresivamente este panorama va cambiando. Ser madre comienza a dejar de ser un “deber” social. Las mujeres jóvenes comienzan a darle prioridad a la profesión en pos de la maternidad, como si ésta pasara de ser un eje central a un complemento vital. Esto explica hechos tales como que la concepción de los hijos comience a darse a una edad más tardía entre las mujeres profesionales. Incluso, en extremo, algunas mujeres optan por renunciar a la maternidad, debido a que el ser madre es considerado como un obstáculo a la hora del desarrollo o éxito profesional. Esto parece evidenciarse de manera explícita en estudios recientes que muestran las crecientes bajas en las tasas de natalidad en continentes como el europeo. Estas observaciones podrían ser claramente atribuibles a este cambio en el pensamiento del propio proyecto de vida femenino.

M.B.A.C, uruguaya, tomó la decisión de no ser madre: “Soy Pediatra y en mi consulta y vivir diario, veo y asisto niños con las más variadas dificultades y patologias relacionadas de algún modo u otro con la falta de "presencia" de los padres, fundamentalmente de la madre, porque trabaja o estudia. Entonces mi pregunta es: ¿en quien debemos de pensar? ¿en nosotras que queremos cumplir nuestro deseo de ser madres como sea? ¿porque la sociedad así lo manda de alguna manera o porque esta en los genes? ¿o en los niños y su salud mental y física?. Veo a diario a amigas y colegas como se dividen, disgregan y se sienten culpables por no poder cumplir con ambas responsabilidades. Es una tortura para todos. Elegí ser médico y no madre. Y la sociedad (nosotros mismos) pretende cobrártelo y como! Me dí cuenta que no se pueden hacer las cosas más importantes de nuestras vidas a medias, no es justo para ninguna de las partes involucradas y lo más importante, no veo buenos resultados”.

Ciertamente las mujeres serán juzgadas cruelmente por la sociedad ante una u otra decisión. Y como si se tratase de la fábula de «El molinero, su hijo y el asno», no existirá una forma posible de encontrar consenso en la conformidad. Alberdi, Escario y Matas, en su trabajo “las mujeres jóvenes en España”, a través de una cita de un texto de S. Hays denominado “Las contradicciones culturales de la maternidad”, grafican la situación: “Si una mujer permanece sin hijos voluntariamente, algunos dirán que es fría y que no se realiza como mujer. Si es una madre que trabaja demasiado en su empleo o carrera, algunos la acusaran de negligencia hacia sus hijos. Si no trabaja lo suficientemente duro, la situarán en el perfil de «mamá» y el avance de su carrera se verá frenado porque la dedicación a sus hijos interfiere con el trabajo. Y si se queda en el hogar con sus hijos, muchos la llamarán improductiva e inútil. En otras palabras, una mujer no puede nunca hacer lo correcto”.





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