Síndrome de Fatiga Crónica / Encefalomielitis Miálgica


DIAGNOSTICAR EL SFC/EM
El síndrome de fatiga crónica, también conocido como encefalomielitis miálgica (SFC/EM), es una enfermedad compleja, crónica y debilitante que afecta a millones de personas en todo el mundo pero que a menudo no se diagnostica, o se diagnostica incorrectamente. Para facilitar el proceso, la Academia Nacional de Medicina estadounidense estableció en 2015 unos nuevos criterios de diagnóstico clínico basados en la evidencia.

PRESENTACIÓN E IDENTIFICACIÓN DE LOS SÍNTOMAS DISTINTIVOS DEL SFC/EM
La aparición del SFC/EM suele ser repentina. Con frecuencia, los pacientes refieren que el inicio de la enfermedad estuvo precedido por un síndrome pseudoinfeccioso o una enfermedad infecciosa (como una mononucleosis o un trastorno gripal). El diagnóstico requiere una historia clínica minuciosa, un examen físico y la identificación de los siguientes síntomas centrales:

  • Disminución o deterioro sustanciales en la capacidad para mantener la actividad previa a la enfermedad, que persiste durante 6 meses o más y se acompaña de fatiga. La fatiga es profunda, no permanente, no es el resultado de un esfuerzo en curso y no se alivia con el reposo.
     
  • Malestar postesfuerzo, en el que la actividad física o mental produce una exacerbación de los síntomas y una reducción de la funcionalidad, por lo general de aparición retrasada y prolongada (cuestión que se aborda más adelante).
     
  • Sueño no reparador y otros trastornos del sueño.
     
  • Deterioro cognitivo y/o intolerancia ortostática (desarrollo de síntomas al estar en posición vertical, que se alivia al recostarse).

Estos rasgos centrales de la enfermedad deben tener un carácter entre moderado y severo y estar presentes al menos el 50% del tiempo; esto es clave para diferenciar el SFC/EM de otras causas habituales de fatiga crónica. El malestar postesfuerzo es el rasgo clínico distintivo del SFC/EM y su síntoma más característico. El malestar postesfuerzo puede ayudar a diferenciar el SFC/EM de otras patologías y se ha relacionado objetivamente con una alteración del metabolismo aeróbico y con el estrés ortostático.

Otros síntomas del SFC/EM son: dolor generalizado; otros tipos de trastornos del sueño; sensibilidad a la luz, al ruido y a las sustancias químicas; dolor de garganta; ganglios linfáticos inflamados; cefaleas; problemas gastrointestinales; problemas genitourinarios.
En la Guía clínica de la Academia Nacional de Medicina figuran otras explicaciones y orientaciones para diferenciar tanto los síntomas centrales como los síntomas adicionales.

IDENTIFICAR EL MALESTAR POSTESFUERZO CARACTERÍSTICO
Los pacientes que experimentan malestar postesfuerzo suelen describirlo como un “brote”, una “recaída” o un “colapso” que se presenta después de un esfuerzo mental o físico que puede ser mínimo y que anteriormente era tolerado.
Durante el brote, que a veces es inmediato pero que más frecuentemente aparece al cabo de unas horas o días, los pacientes pueden experimentar una exacerbación de una parte o la totalidad de sus síntomas y una mayor reducción de su funcionalidad. Volver al estado de base previo al brote puede requerir horas, días o incluso semanas.

Algunos pacientes pueden atravesar ciclos de sobreesfuerzo y recaída, mientras que otros aprenden a reducir su actividad o modificarla para minimizar los brotes. En algunos casos, incluso las actividades básicas de la vida diaria pueden desembocar en un malestar postesfuerzo.

Preguntas que pueden ayudar a determinar si un paciente experimenta malestar postesfuerzo:
  • ¿Qué sucede cuando hace un esfuerzo mental o fisico normal (que anteriormente era tolerado)?
     
  • ¿Cuánta actividad se requiere para que se encuentre mal o para que note un empeoramiento de la enfermedad?
     
  • ¿Cuánto tarda en recuperarse de ese esfuerzo físico o mental?
     
  • ¿Evita o modifica determinadas actividades debido a lo que sucede después de llevarlas a cabo?
Para ayudar a los pacientes y a los médicos a identificar el malestar postesfuerzo, puede ser útil que el paciente lleve durante dos semanas un diario de sus síntomas y de las actividades que realiza.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DEL SFC/EM
PRUEBAS DIAGNÓSTICAS
Aunque los estudios de investigación han constatado múltiples diferencias en las mediciones biológicas del SFC/EM, todavía no hay una prueba validada para diagnosticar la enfermedad en la práctica clínica.
No obstante, existen numerosas pruebas diagnósticas que pueden servir para identificar otras enfermedades causantes de fatiga o afecciones comórbidas frecuentes en los afectados de SFC/EM.

Por ejemplo, se puede evaluar la intolerancia ortostática realizando una prueba de inclinación de la NASA (test de verticalidad) o una prueba de mesa basculante, durante un período de entre 10-20 minutos y 30 minutos como máximo, para determinar si existe hipotensión mediada neuralmente (véase Rowe 2014). Además de ayudar al diagnóstico, estas pruebas también pueden ser útiles para elaborar un plan de abordaje de las afecciones comórbidas.

Por otro lado, los terapeutas expertos en la enfermedad pueden recurrir a pruebas de laboratorio para identificar problemas concretos, como una deficiencia inmunológica, que orienten el tratamiento, aunque este tipo de pruebas suelen ser más utilizadas por los especialistas o en la investigación.

LA IMPORTANCIA DE UN DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
Algunos de los síntomas del SFC/EM se observan también en personas sanas y en afectados de otras enfermedades, y un tratamiento adecuado de esos otros problemas podría resolver por completo los síntomas del paciente. Por lo tanto, es importante distinguir entre el SFC/EM y otras patologías. A continuación figura una lista no exhaustiva de las afecciones más importantes incluidas en esta categoría:

IDENTIFICAR LAS AFECCIONES COMÓRBIDAS HABITUALES
En el pasado, el diagnóstico del SFC/EM comenzaba por excluir todas las demás enfermedades posibles. Sin embargo, en el informe de 2015 de la Academia Nacional de Medicina se estableció el SFC/EM como un diagnóstico positivo que puede coexistir con otras patologías, incluidas las del diagnóstico diferencial. Reconocer las afecciones comórbidas tempranamente y tratarlas de manera adecuada puede mejorar la salud del paciente, su funcionalidad y su calidad de vida.

Algunas de las afecciones comórbidas habituales son:

TRATAMIENTO Y ABORDAJE DEL SFC/EM (NOCIONES BÁSICAS)
En el pasado, el SFC/EM se definía como un síndrome caracterizado por una fatiga carente de explicación médica y que respondía a la terapia psicológica y el ejercicio gradual. Sin embargo, los avances científicos están revelando una enfermedad compleja y multisistémica que implica diversas deficiencias neurológicas, inmunológicas, autonómicas y del metabolismo energético. Es crucial cambiar la visión sobre el abordaje de la enfermedad y de las comorbilidades que la acompañan.

1. Validar la experiencia del paciente y educar sobre la enfermedad
Es posible que los pacientes hayan experimentado escepticismo en relación con su enfermedad. Lo más importante que puede hacer un profesional sanitario es legitimar la enfermedad de cara al paciente y a sus familiares.
Explique que el SFC/EM es una enfermedad médica seria y que no es pereza, depresión ni un trastorno psicosomático.
2. Abordar la merma de funcionalidad y brindar el apoyo necesario
Por definición, los afectados de SFC/EM sufren una discapacidad significativa. Pueden necesitar ayuda para obtener adaptaciones en los centros escolares o laborales o para solicitar un reconocimiento de discapacidad. También pueden necesitar permisos de estacionamiento, dispositivos de apoyo o cuidadores domiciliarios. Dadas las repercusiones económicas de la enfermedad, algunos pacientes pueden requerir ayuda alimentaria o de alojamiento. En muchos casos, llegan a perder el seguro médico.

3. Enseñar a los pacientes a dosificar su actividad para prevenir o minimizar la fatiga
postesfuerzo

Una de las funciones importantes del profesional sanitario es enseñar a los pacientes qué es la fatiga postesfuerzo y la manera de gestionarla dosificando su actividad (en inglés, pacing). El pacing es una manera de administrar la energía física, cognitiva y emocional para no sobrepasar los límites específicos de cada paciente, planificando meticulosamente dónde y cuándo invertir la energía disponible. El pacing es una herramienta esencial para prevenir o reducir la fatiga postesfuerzo.

Los diarios de actividades y los monitores de actividad y frecuencia cardíaca son útiles para que los pacientes entiendan cuándo están sobrepasando sus límites energéticos específicos. A pesar de estos apoyos, el pacing es complicado y es inevitable que haya recaídas, sobre todo porque la tolerancia a la actividad puede variar de un paciente a otro y de un día a otro.

4. Tratamiento/gestión de los síntomas (*)
Aunque no hay tratamientos aprobados específicamente para el SFC/EM, diversos tratamientos farmacológicos y no farmacológicos pueden ayudar a reducir la severidad de los síntomas. Es habitual prescribir, entre otros, los siguientes medicamentos: naltrexona en dosis bajas, duloxetina, gabapentina o pregabalina (para el dolor); fludrocortisona, midodrina, piridostigmina, betabloqueantes en dosis bajas y/o hidratación intravenosa (para la intolerancia ortostática); empleo ocasional de modafinila, metilfenidato o dexedrina (para los problemas cognitivos o de fatiga); trazodona, clonazepam, antidepresivos tricíclicos o suvorexant (para el sueño). La prescripción de fármacos debe iniciarse a dosis bajas e incrementarse gradualmente para evitar que se desencadenen las sensibilidades medicamentosas habituales en el SFC/EM.

Algunas de las medidas no farmacológicas son: consumo de líquidos y sal y uso de medias de compresión (para los problemas de intolerancia ortostática); apoyos cognitivos (p.ej., toma de notas, como ayuda a la memoria; tener a mano calendario, cuaderno y calculadora; dejar los objetos importantes siempre en el mismo sitio...); tapones de oídos, antifaces y gafas de sol (para los pacientes con sensibilidad a la luz y al sonido); medidas de higiene del sueño, evitación de alimentos problemáticos; meditación.
Nota:  Además de estos tratamientos básicos, los terapeutas expertos en la enfermedad han logrado mejorar la funcionalidad de algunos pacientes con la utilización selectiva de determinados medicamentos, como antivirales e inmunomoduladores.
(*) Esta lista no es exhaustiva. Para más información sobre estos y otros tratamientos, consúltense las guías para médicos y pediatras incluidas en el apartado de referencias.

5. Tratar las afecciones comórbidas
Como se ha indicado, algunas patologías pueden darse de forma concomitante con el SFC/EM. Tratar estas afecciones comórbidas con el protocolo adecuado no curará el SFC/EM pero puede mejorar la calidad de vida del paciente

DATOS BÁSICOS
  • Se estima que hay entre 836.000 y 2,5 millones de estadounidenses afectados de SFC/EM, pero entre un 84 y un 91% de ellos aún no han sido diagnosticados.
     
  • Entre los afectados de SFC/EM, hay tres veces más mujeres que hombres.
     
  • La mayoría de los pacientes actualmente diagnosticados de SFC/EM son blancos, aunque algunos estudios sugieren que el SFC/EM es más habitual en los grupos minoritarios.
     
  • Se han registrado casos de SFC/EM en niños menores de 10 años y en ancianos mayores de 70. Según los estudios, el pico del inicio de la enfermedad se registra en la franja de entre 11 y 19 años, seguido de los 30-39 años.
     
  • Al menos un 25% de los pacientes guardan cama o viven recluidos en sus casas, y hasta un 75% no están en condiciones de trabajar o estudiar.
     
  • Los síntomas pueden persistir durante años, y la mayoría de los pacientes no llegan a recuperar la funcionalidad anterior a la enfermedad.
     
  • En los Estados Unidos, el SFC/EM supone un coste de entre 17.000 y 24.000 millones de dólares anuales, por la pérdida de productividad y los gastos médicos directos.
     
  • Se desconoce la causa del SFC/EM, aunque es habitual que la enfermedad aparezca después de una infección.

Pérdida de peso inesperada: un desafío en atención primaria


Lo que necesita saber
 La pérdida de peso inesperada puede estar asociada con el cáncer, pero también con una gama de otras condiciones
 Los códigos de pérdida de peso (ver más abajo) en atención primaria generalmente representan ≥5% de pérdida dentro de un período de 6 meses, pero falta evidencia sobre cuánta pérdida de peso y durante qué período aumenta la probabilidad de un diagnóstico de cáncer en atención primaria
 Remitir urgentemente a personas mayores de 60 años con pérdida de peso inesperada para investigaciones que excluyan el cáncer.
 La estrategia diagnóstica óptima para detectar el cáncer en pacientes con pérdida de peso sigue sin estar clara.

Introducción
La pérdida de peso inesperada representa un desafío diagnóstico en la atención primaria. Se asocia con una amplia gama de afecciones benignas y graves:
> Cardiovasculares: insuficiencia cardíaca en etapa terminal (caquexia cardíaca)
> Endocrinológicas: insuficiencia suprarrenal, diabetes, hipertiroidismo
> Gastrointestinales: diarrea, colitis, malabsorción, isquemia mesentérica
> Infecciosas: infección crónica (como VIH, tuberculosis)
> Neoplasia maligna: los tumores sólidos son más probables que las neoplasias hematológicas
> Medicamentosas: antidepresivos, antiepilépticos, ansiolíticos, diuréticos, laxantes, estimulantes.
> Neurológicas: demencia, esclerosis múltiple, enfermedad neuromuscular, Enfermedad de Parkinson, accidente cerebrovascular
> Psiquiátricas: anorexia nerviosa, ansiedad, bulimia, depresión
> Renales: insuficiencia renal en etapa terminal (caquexia urémica)
> Respiratorias: enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedad pulmonar intersticial, vasculitis
> Reumatológicas: artritis reumatoidea.
> Sociales: consumo excesivo de alcohol, negligencia, uso de opiáceos, mala salud bucal, pobreza, tabaquismo

Fuentes y criterios de selección
Se realizaron búsquedas en Embase, Medline, Web of Science y la Biblioteca Cochrane para revisiones sistemáticas y estudios primarios utilizando los siguientes términos y términos relacionados: neoplasia, pérdida de peso, síntomas, diagnóstico, práctica general, práctica familiar, atención primaria.

¿Cuál es la evidencia de la incertidumbre? ¿Cuánta pérdida de peso sobre cuánto tiempo?
El grado de pérdida de peso que mejor indica el cáncer subyacente en la atención primaria sigue estando mal definido. Casi todos los estudios en esta área son estudios observacionales retrospectivos que definen la pérdida de peso mediante un código ingresado en el registro electrónico de salud. Estos códigos se basan en las decisiones de los médicos generales de que el grado de pérdida de peso es lo suficientemente preocupante como para justificar su registro.

Los estudios no informaron datos de medición de peso asociados, cuantificaron cuánta pérdida de peso se produjo ni establecieron si la pérdida de peso informada por el paciente es más precisa para identificar la enfermedad que la pérdida de peso medida por el médico.

Es probable que el porcentaje de pérdida de peso sea clínicamente más relevante, ya que el cambio en relación con el peso inicial es más significativo que el cambio absoluto.

Un estudio de más de 50.000 códigos de pérdida de peso ingresados en los registros de salud electrónicos en inglés mostró que un código para la pérdida de peso inesperada representa una pérdida de peso media de ≥5% dentro de un período de seis meses en atención primaria.

A través de métodos de estimación, la pérdida de peso osciló entre –5.4% a –8.3% en mujeres y de –4.8% a –7.4% en hombres, observándose una mayor pérdida de peso en personas de edad avanzada.

Esto se asemeja a la pérdida de peso del 5-10% dentro de los 6-12 meses que se cita con mayor frecuencia como significativa según los datos de poblaciones de alto riesgo, como los referidos o admitidos a la atención secundaria.
Un estudio de casos y controles de una base de datos de atención primaria utilizó medidas de peso para definir la pérdida de peso en relación con el riesgo de diagnóstico de cáncer colorrectal.

La razón de posibilidades para una pérdida de peso del 5-9.9% fue 1.2 (intervalo de confianza del 95% 0.99 a 1.5), y para ≥10% de pérdida fue de 2.5 (2.1 a 3.0). La pérdida de peso se definió utilizando el mayor peso registrado en los dos años anteriores, lo que significa que podría haber sido subestimado o sobreestimado.
No sabemos con certeza cuán recientemente debe haberse producido la pérdida de peso para indicar la presencia de cáncer. Los estudios han investigado la utilidad diagnóstica de la pérdida de peso en cualquier momento en los últimos dos años. Parece más plausible que la pérdida de peso en el pasado reciente signifique la presencia de cáncer, aunque no hay evidencia de esto.

¿Qué cánceres están asociados con la pérdida de peso en atención primaria?
Una revisión sistemática reciente y un metanálisis (25 estudios) examinaron la probabilidad de un diagnóstico de cáncer en adultos que se presentan a la atención primaria con pérdida de peso.
Más de una de cada 10 personas mayores de 60 años que informaron pérdida de peso fueron diagnosticadas posteriormente con cáncer; un riesgo de 3-7% en mujeres y 11-14% en hombres.
El Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y Atención (NICE) recomienda una investigación urgente cuando el riesgo de cáncer excede el umbral del 3%. La pérdida de peso predijo la presencia de cáncer de próstata, colorrectal, pulmón, gastroesofágico, pancreático, linfoma no Hodgkin, de ovario, mieloma, del tracto renal y cáncer de los árboles biliares.
Posteriormente, dos estudios de casos y controles que usaron registros médicos suecos y del Reino Unido sugirieron que la pérdida de peso estaba asociada con un diagnóstico de leucemia aguda y crónica y de cáncer colorrectal no metastásico.

¿Pérdida de peso aislada o con otras características clínicas?
Ningún estudio en atención primaria ha informado si la pérdida de peso sin ningún otro síntoma predice el cáncer.
Sin embargo, los estudios muestran que la pérdida de peso predice el cáncer incluso después de ajustar la presencia de otros síntomas. Por ejemplo, en estudios de cohortes, los pacientes con pérdida de peso tienen 1,6 a 12,5 veces más probabilidades de tener cáncer que un paciente sin pérdida de peso.
La pérdida de peso es el segundo predictor más poderoso del cáncer después de: sangrado rectal en el cáncer colorrectal; hemoptisis en cáncer de pulmón, dolor en las costillas en mieloma; ictericia en el cáncer de páncreas; y hematuria en el cáncer del tracto renal.

Es el tercer predictor más poderoso en el linfoma no Hodgkin y los cánceres gastroesofágicos.

¿La pérdida de peso se asocia solo con el cáncer en etapa tardía?
La pérdida de peso puede ocurrir en cualquier etapa del cáncer precipitada por factores bioquímicos, conductuales, funcionales y metabólicos. Solo unos pocos estudios han examinado la pérdida de peso en relación con la etapa del cáncer en la atención primaria.

Un estudio de casos y controles estadounidense no encontró relación entre la pérdida de peso y el estadío del cáncer de páncreas. Un estudio de casos y controles del Reino Unido no encontró asociación entre la pérdida de peso y el cáncer de próstata, colorrectal, pulmón y mama en estadío IV.
Se informaron valores predictivos positivos similares para la pérdida de peso para el cáncer colorrectal en estudios de casos y controles de Suecia y el Reino Unido. El primero incluía estadios de cáncer I-III (VPP 1.0% (IC 95% 0.3 a 3.0)) y el segundo incluía estadios I-IV (1.2% (0.91 a 1.6)).

Causas de pérdida de peso en cáncer

 Citoquinas, péptidos y anorexia inducida por hormonas y cambios metabólicos.
 Síntoma de angustia: depresión, dolor, náuseas, diarrea, estreñimiento, fatiga
 Disfunción gastrointestinal: alteración del gusto, obstrucción, dismotilidad, fístula, malabsorción
 Caquexia por cáncer (precaquexia, caquexia, caquexia refractaria): pérdida de peso debido a la pérdida progresiva del músculo esquelético (sarcopenia) con o sin pérdida de grasa

¿Qué debemos hacer ante la incertidumbre?
No está claro cómo investigar a las personas que acuden a la atención primaria con pérdida de peso pero sin otros síntomas. El siguiente cuadro describe algunos enfoques sugeridos en las revisiones clínicas, pero los datos generalmente se obtienen de estudios de personas mayores hospitalizadas para su investigación.

Resumen de enfoques para investigar la pérdida de peso de las revisiones clínicas
Vanderschueren (2005)
Población: adultos
  • La pérdida de peso -> 5% en 6-12 meses debe impulsar la evaluación clínica. Verifique numéricamente la pérdida de peso y confirme que es involuntaria.
     
  • Investigación: historial médico y quejas asociadas, incluido el consumo de tabaco y/o alcohol; medicamentos (como diuréticos, digoxina, biguanidas, leflunomida, ISRS); factores psicosociales (por ejemplo, institucionalizados, salud mental); historia dietética; historia de viajes; comportamiento de riesgo sexual, examen físico completo.
     
  • Pruebas de referencia: hemograma completo, función renal, función hepática, albúmina, función tiroidea, azúcar en sangre, marcadores de inflamación, estudios de hierro, análisis de orina, análisis de sangre oculta en heces, Rx de tórax, ecografía de abdomen y pelvis.
     
  • Investigaciones adicionales: según lo sugieran los hallazgos obtenidos en las pruebas anteriores.

Rolland (2006)
Población: adultos mayores ambulatorios
  • Pérdida de peso:> 5% en 6 meses.
     
  • Investigación: evalúe la deshidratación bioquímica y complete el cuestionario SNAQ*
     
  • SNAQ negativo (≥ 14 puntos): sarcopenia sospechada: ensayo de entrenamiento con ejercicios de resistencia. Sospecha de malabsorción: prueba de vitamina A o β caroteno.
     
  • SNAQ positivo (<14 puntos) - Caquexia sospechada: prueba de PCR y albúmina. Sospecha de anorexia.
* Cuestionario SNAQ
1. Mi apetito es: A. muy pobre, B. pobre, C. promedio, D. bueno, E. muy bueno.
2. Me siento lleno después de comer: A. algunos bocados, B. 1/3 de una comida, C.> 1/2 comida, D. la mayor parte de la comida, E. casi nunca.
3. Gustos de comida: A. muy malo, B. malo, C. promedio, D. bueno, E. muy bueno.
4. Comidas que normalmente como cada día: A. <1, B. 1, C. 2, D.3, E.> 3.
(Puntuación: A = 1, B = 2, C = 3, D = 4, E = 5.)


McMinn (2011)
Población: adultos mayores
  • Pérdida de peso: 5% durante 6-12 meses, aunque las pérdidas más pequeñas pueden ser importantes en personas mayores frágiles.
     
  • Investigación: historia completa y examen físico. Pruebas de referencia: hemograma completo, función renal, función hepática incluyendo GGT, albúmina, función tiroidea, PCR, eritrosedimentación, glucosa, LDH, Rx de tórax, análisis de orina, SOMF.
     
  • Si los resultados son normales, es preferible 3 meses de "espera vigilante" a realizar más investigaciones a ciegas.

Gaddey (2014)
Población: adultos mayores
  • Pérdida de peso: ≥5% en 6-12 meses, sin intención. Si no hay un peso de referencia disponible, se puede usar evidencia de cambio en el tamaño de la ropa, confirmación de pérdida de peso por parte de un familiar o amigo, y una estimación numérica de la pérdida de peso.
     
  • Historia y examen físico, en particular preguntar sobre fiebre, fatiga, disfagia, problemas orales y/o  de encías, disnea, fatiga por esfuerzo, indigestión, dolor abdominal, cambio en el patrón de las heces, saciedad temprana. Verifique los medicamentos y el historial social y psicológico. Evalúe el estado nutricional.
     
  • Pruebas de referencia: hemograma completo, panel metabólico básico, función hepática y tiroidea, PCR, eritrosedimentación, glucosa, LDH, Rx de tórax, SOMF y posiblemente ecografía de abdomen. Si las pruebas de referencia son normales, se debe realizar una observación minuciosa durante 3-6 meses.

Wong (2014)
Población: adultos
  • Pérdida de peso: ≥5% en 6-12 meses, sin intención. Use el juicio clínico para guiar la investigación en pacientes con pérdida de peso <5% o más de duración Historial y examen físico que cubre diagnósticos diferenciales.
     
  • Pruebas de referencia: hemograma completo, función hepática, albúmina, función renal, glucosa, calcio, TSH, VIH, eritrosedimentación, PCR, LDH, PSA, Rx de tórax. Considere ecografía abdominal o TC y detección apropiada para la edad para el cáncer de mama, colorrectal y cervical.

En el Reino Unido, NICE revisó la evidencia en 2015 de estudios en atención primaria y recomendó investigar a pacientes con pérdida de peso y posibles síntomas locales de cáncer. Estas pautas se centran en descartar tipos de cáncer individuales en lugar de establecer la causa del síntoma. Esto podría conducir a múltiples derivaciones para la exclusión de cánceres específicos y un retraso en el diagnóstico.

Desde entonces, la evidencia de la revisión sistemática de 2018 indica que la pérdida de peso predice el cáncer en pacientes de 60 años o más con suficiente frecuencia como para justificar la investigación en los sitios posibles de cáncer. Esto respalda la derivación temprana para pruebas enfocadas en la pérdida de peso en lugar de vías enfocadas en tipos de cáncer individuales.

Lo que los pacientes necesitan saber
 Perder peso sin tratar de hacerlo es anormal y debe solicitar una visita a su médico.
 La mayoría de las personas con pérdida de peso inesperada no tienen cáncer, pero es posible, especialmente en adultos mayores de 60 años. Es posible que se necesiten más pruebas en un hospital para descartar cáncer
 No está claro cuánta pérdida de peso, o durante qué período de tiempo, aumenta la probabilidad de cáncer
 Informe a su médico sobre cualquier síntoma que lo acompañe, ya que puede ayudarlo a llegar a un diagnóstico y guiar las investigaciones apropiadas.

Preguntas para la práctica
  • ¿Qué escenarios clínicos exigen que mida el peso de su paciente?
  • ¿Cuál es su enfoque actual para la investigación de la pérdida de peso inesperada?
  • ¿Qué modificará luego de  leer este artículo?